Mientras tanto, en la majestuosa empresa Kazcanov, la llegada del hombre con apellido Rothschild. Estevan Rothschild no pasó desapercibida. Desde el momento en que su lujoso auto negro se estacionó frente al edificio, todos los empleados comenzaron a murmurar entre ellos. Su presencia era imponente, casi magnética, y no solo por su apellido, sino por la manera en que caminaba, como si el mundo entero le perteneciera.
El hombre era alto, con una figura esbelta pero poderosa. Su cabello oscuro es