No me sentía nada bien.
El dolor en mi corazón por alejarme de Dante, se manifestaba también físicamente. Vivía sin probar bocado, con un malestar constante de estómago, mareada y débil.
Esto se había vuelto evidente para todos los que me rodeaban. Mi familia estaba seriamente preocupada, aunque yo me la pasara augurándoles que estaba bien.
Si no fuera por Lea, Troy ya habría ido a buscar a Dante para partirle la cara.
— Señorita, la buscan — anunció mi secretaria.
— ¿Quién? — pregunté.
— La se