Solo hasta que se vistió, el mafioso dejó bajar a su bella esposa, ella seguía molesta pero también moría de hambre
— ¿Osea que no vas a hablarme? ¿me haces enfadar y la ofendida eres tú? te estoy consintiendo demasiado, ¿eh? ¡tenias a la cuarta parte de los empleados dentro de la casa viéndote!
— Exageras, ellos estaban en lo suyo, lo que pasa es que eres muy posesivo, me preguntó si me tienes confianza — Alejandra, se volvió a voltear hacia su desayuno
— Confío en ti, pero en cualqui