Drago, se pasaba la mano por el cabello, podía presidir juntas con empresarios millonarios y poco tratables sin ningún problema, pero cuando se trataba del nacimiento de uno de sus hijos, los nervios se le venían encima
— Drago, cálmate, ayúdame a quitarme la ropa que estoy toda mojada, se supone que tú eres el que me debes confortar
— Lo siento, querida, sabes lo mal que me pongo cuando vas a dar a luz — El CEO, comenzó a quitar con cuidado las ropas de su esposa, Aithana, quiso usar un