Los verdes ojos de Alessandra, tan parecidos a los de su madre, estaban ligeramente hinchados, había estado llorando y su triste mirada la delataba, pero también había en ella un dejo de frialdad
— No tienes por qué disculparte, no te voy a culpar de algo que solo concierne a mi familia, lo que si te voy a pedir es que dejemos nuestro noviazgo atrás, ya ha hecho el suficiente daño
— Pero... ¿Por qué? ¡Mi padre dijo que ya no te van a enviar a Inglaterra, vas a quedarte en México, podemos