El corazón de Grace se detuvo por un segundo para luego comenzar a golpear con fuerza. El rostro de la niñera era pálido y los ojos llenos de lágrimas, su corazón volvió a latir con fuerza, sus manos temblaron y un gemido ahogado escapó de su boca y las piernas le temblaron y amenazaron con no sostenerla.
—¡Dios mío, mi hijo!— exclamó con voz ahogada.
—¡¿Qué demonios estás diciendo?!— gruñó Izan dando dos pasos adelante y tomando a la mujer con fuerza de uno de sus brazos mientras la zaran