Regresar a casa.
—¿Hola?— volvió a repetir Izan de mala manera.—¿ estás allí, Nathalie?— pregunto frustrado.
—Sí señor, aquí estoy — dijo ella intentando que su voz sonará natural, pero no pudo evitar el quiebre de dolor en ella. Levantó los ojos y la hermosa rubia tenía la mirada fija en ella, con una ceja enarcada, como un claro recordatorio de sus amenazas, además después de eso relajo su expresión y le regaló una amplia sonrisa, lo cual le causaba escalofrios.
—¿Cómo está mi hijo?— preguntó de inmedia