El león ruso. 2
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Izan, sentado en la silla de su oficina, tomó su celular para hacer una llamada. Se escuchó como timbraba una, dos, y cuando pensó que no obtendría respuesta, entonces la voz grave y profunda al otro lado.
—El lobo americano.
—El león ruso— respondió amistosamente— que gusto escucharte.
—Lo mismo digo. ¿Asuntos de negocios?
—No exactamente, Rodolf ya me informó que había afinado detalles contigo.
—Asi es, nada de que preocuparse. Todo está saliendo exactamente como lo p