La luz de la mañana se filtraba por las persianas como una conciencia culpable, dándome en la cara y arrancándome de un sueño inquieto.
Mi cuerpo me dolía de formas que no tenían nada que ver con el turno del mini mart... muslos doloridos, un latido sensible entre mis piernas donde el semen de Jack se había secado pegajoso en mi piel.
Me quedé allí tumbada un minuto, mirando al techo, repitiendo la noche en ráfagas: sus manos rudas, la forma en que me había confundido con mamá, el pánico de s