Salí a la húmeda noche de Texas, con el cartel de neón de la cafetería parpadeando a mis espaldas como un latido agonizante. El aire era espeso, cargado con el olor a grasa frita y lluvia lejana, pero mi piel se erizó por algo más que la brisa. Esa sombra al otro lado de la calle... alta, de hombros anchos, inmóvil... hacía que mi pulso martilleara en mis oídos.
He visto mi buena dosis de bichos raros en este pueblo, ¿pero este tipo? Irradiaba algo más oscuro, más hambriento, como un depredador