La cita era a la hora de comer, así que llegó a un restaurante de lujo, y en cuanto Cecilia bajó del taxi, vio al hombre que la esperaba fuera del restaurante.
Criz cogió con naturalidad la caja de herramientas en la mano: —¿Qué tal estos dos últimos días?
—Sí, muy bien.
Criz la condujo al interior mientras decía: —Por cierto, a mi abuelo le encanta un ambiente divertido, pues, no te preocupes luego.
Cecilia no entendió, y cuando estaba en la sala privada, sí lo comprendió.
Al principio pensaba