¡Pum!
El sonido de un cuenco de cerámica rompiéndose llegó desde la habitación en la que se alojaba Héctor.
Cecilia, sin molestarse en contestar a Bosco, corrió hacia allí.
El médico dijo que si seguía la fiebre, habría que llevarle al hospital.
Bosco alargó la mano para tirar de ella, pero Cecilia corría demasiado deprisa y, para cuando levantó la mano, ya no estaba a su alcance.
Los ojos de Bosco la seguían, y quiso echar a Héctor, pero la razón lo contuvo.
Al ver que parecía débil, si realmen