—¿Te vuelves a casar? ¿Con quién? —Carlos levantó la voz—. ¿Cecilia?
—Sí.
Carlos sonrió fríamente, mirando hacia la puerta del estudio, pero nadie entró. Dijo enfadado, —De todos modos, no voy a darte regalo de boda.
—No me importa.
—Entonces, ¿Por qué me llamas?
—Para decírtelo.
Se rio fríamente Carlos: —no me llames para ningún asunto personal en el futuro.
Tras decir eso, colgó directamente el teléfono.
Bosco tampoco se molestó con él, se sentó en el sofá, con la mano apoyada en las sienes, j