Todo esto ocurrió en un breve instante, ni Cecilia ni Héctor pudieron reaccionar.
Los ojos oscuros de Bosco reflejaban el rostro atónito de la mujer, y sus pestañas rozaron su cara, evocando fácilmente los deseos más profundos del corazón del hombre.
Ejerció fuerza en su mano, acercándola un poco más, le dio un beso fuerte.
—¡Carajo! —Héctor tiró del brazo de Cecilia y la apartó de la cama, mientras que con la otra mano agarró el cuello de Bosco y lo levantó. —¡Hijo de puta!
Estaba muy enfadado