En lugar de seguir quejándose, Cecilia lanzó a Criz una mirada: no le entendía nada.
Suspiró y exclamó en el corazón: «los hombres guapos siempre dicen la mentira.»
Viendo lo decidido que estaba Criz, no podía provocar problemas entre ellos, aunque eran amigos desde la infancia.
Ahora era por la tarde, con menos tráfico, tardó diez minutos en llegar al centro comercial.
La trajo hasta aquí Criz, no podía permitirse actuar de forma demasiado realista y despedirse de él, como si fuera el conductor