Los ojos de Chester se encontraron con los de Eliza.
Los ojos de ella estaban tranquilos, oscuros y sin rastro de miedo.
Ninguna mujer se había atrevido jamás a mirar a Chester a los ojos con tanta valentía, mucho menos a desafiarlo.
Cuando Chester recordó de repente cómo se estaba comportando Eliza en ese entonces, entrecerró los ojos con sentimientos encontrados. “Eliza, nunca te habías comportado así. ¿Quién te dio el coraje de comportarte así?”.
“Por supuesto, es porque mis hombres se ha