Ese día, Eliza tenía el cabello recogido en una elegante cola de caballo para que fuera más fácil jugar bádminton. Tenia puesto unos leotardos negros, una camiseta deportiva morada y zapatos deportivos blancos. Sus delicados y limpios tobillos quedaban al descubierto.
Eliza no era tan mala jugando bádminton. Cuando dobló la cintura, Chester pudo ver su hermoso trasero desde su asiento. A veces, cuando ella saltaba, su pecho también se veía bien.
No es que Chester no los hubiera tocado antes. E