‘¡Vaya! Lo siento, Cathy. Estoy haciendo esto por el bien de salvarte. Por favor, perdóname por decir tonterías’.
‘Tendrás que arreglártelas tú misma cuando salgas de la cárcel’.
En ese instante, la bulliciosa sala en la habitación del hotel se quedó tan silenciosa que se podía oír la caída de un alfiler. Shaun mantuvo el rostro impasible cuando golpeó con los dedos las cartas que había sobre la mesa.
Era difícil descifrar la expresión de su rostro, y solo él sabía la oleada de emociones que