Ava se levantó del suelo y Vera se dio cuenta de que la tela del vestido se pegaba al cuerpo de la chica como una segunda piel por lo mojada que estaba y sonrió complacida.
—Mira que gran alegría acabas de darme, ¿Te estás poniendo de parto verdad zorra? –Inquirió Vera y Ava se puso de pie con la barbilla en alto, lista para enfrentarla. –Me vas a poner a poner a esos bebés en bandeja.
—No vas a tocar a mis hijos, para eso tendrás que matarme y te aseguro que no será nada fácil. –La advirtió Av