Capítulo 28: No me vas a destruir.
Derek resoplaba con fastidio delante del espejo de su dormitorio cuando Reich entró viendo que su jefe tenía varios arañazos en el cuello y que la camisa blanca de seda que llevaba puesta estaba casi entera rota con algunas manchas de sangre.
—¿Ha vuelto a atacarte? —Preguntó Reich seguro de que aquello era obra de Ava Hoffman y Derek solo contestó con un gruñido. —No debiste subirla a una de las habitaciones. Ya ha intentado escaparse varias veces Derek y cada vez que entras…
—¡Ya lo sé Reic