Calytrix, acatando su orden, tenía ahora los codos apoyados sobre el escritorio, con las palmas igualmente asentadas y hacia adelante. Su torso estaba arqueado, y su trasero erguido y al descubierto quedaba al aire, suplicando algo sensual.
Por orden de él, separó las piernas, arqueando aún más el cuerpo para que pudiera verle bien la vagina y el culo.
Olas de inquietud e incertidumbre la invadieron. Pensamientos sombríos se alojaron en su cabeza, sin intención de irse pronto.
Su cuerpo temblab