“¿Eh?” Se quedó desconcertada.
¿La estaba poniendo a prueba? ¿Cómo se suponía que debía responder a esto?
No esperaba que le hiciera una pregunta semejante. De todos modos, quedarse en silencio ni siquiera era una opción. ¿Pero qué debía decir?
“M-mi señor... yo... estoy...”, titubeó, mientras su corazón olvidaba cómo latir adecuadamente.
“No te preocupes, esta noche te concedo inmunidad contra la muerte”, reveló él, dejando de sujetarle la barbilla.
En su lugar, apoyó las caderas contra el esc