Capítulo 9.
Yo fruncí el ceño.
Era poco probable que al reproducirnos con los humanos nuestras crías sean parte de la especie... si es que acaso nos reproducíamos exitosamente.
Duncan continuó.
- La más pequeña de la manada sintió una atracción irresistible hacia el extraño en su época de apareamiento. El ardor del celo fue tan intenso que quiso marcar al humano como propio; fue entonces cuando descubrió que su sangre estaba llena de vida...
Duncan dejó de leer y me dió una mirada rápida antes de p