Capítulo 7.
Llegué exhausta a casa de la abuela al terminar mi turno.
Un montón de personas había ido al Were café para admirar mi ramo o para preguntarme con quién diablos estaba saliendo.
Ni siquiera yo lo sabía, así que solo sonreí y les dije que tenía un novio viviendo fuera del pueblo.
No me creyeron. Fue así como una hora después supe que se habían extendido las apuestas sobre mi supuesto novio.
Megan, siempre una visionaria, se encargó de sacar la vieja pizarra que poníamos en el café para las apues