Capítulo 26.
Con un lindo vestido en el que se me congelaba el trasero, mi sonrisa profesional y unos zapatos bajos, me estacioné en la zona de proveedores del salón de lujo a dos pueblos de distancia.
¿Y todo para qué?
Para que el gorila que estaba de encargado de recibir el catering y otras tonterías me dijera que mi nombre no estaba en la lista.
-¿Cómo que no está? - Pregunté con incredulidad. - ¡Me llamó hace unas horas la novia para confirmar mi asistencia!
El tipo solo me miró y se encogió de hombros.