Con delicadeza muerdo su labio inferior, luego el superior con cuidado paso mi lengua por sus labios y ella los abre para morderme.
—Que traviesa Señorita Beckham, ¿no lo cree usted?
—No me tortures y sólo bésame. —dice con voz ronca. Esa voz me mata.
—Deseo concedido, nena.
Me pierdo en sus labios, los besos con delicadeza y luego con ferocidad, como un lobo hambriento de ella. Nuestras lenguas están en plena batalla, una de sus manos va a parar a mi nuca y me acaricia.
Debo controlar mis inst