Leo no la estaba pasando para nada bien, tenía la cabeza grande, aunque Maya no fuese mucho de su agrado no quería que nada malo le pasará, sin contar que también estaba preocupado por Victoria, quien estaba sola y asustada por lo que había pasado.
—Señor Rossi. —Leo giro su cabeza y vio al médico el cual atendía a Maya.
—Dígame doctor, ¿cómo sigue la señorita Salvatierra? —preguntó Leo alzando su vista para mirar al médico.
—Sígame señor Rossi. —Los dos fueron directamente al consultorio.
—Bue