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—¿Has visto algo de interés? –le preguntó Peter, y Michaela sonrió negando.

—De verdad piensa David que esos hombres trabajan aquí?

—Es una posibilidad.

—¿Tú crees que trabaje aquí? ¿No sería demasiado… expuesto? –Peter hizo una mueca.

—Los criminales tienen la mente demasiado retorcida, y la tuya es demasiado pura. Vamos por las cosas de David.

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