Cuando bajé con mi maleta, mamá y papá ya me estaban esperando en la sala. Noté que estaban un poco aprensivos, pero no dijeron nada. Creo que en el fondo tenían miedo de que Luciano o yo saliéramos lastimados. Después de todo, tenían mucho amor por los dos. No podía explicarles que todo saldría bien, porque yo tampoco estaba seguro. Entonces, lo que dimos por sentado fue un viaje entre dos buenos amigos.
- Cuidar del exceso de sol. - advirtió mi padre. “Y no bebas hasta el punto de no saber lo