Capítulo 32. Grabada a fuego.
Terminaron la cena en una gran tensión. No solo por lo que le había contado Ivanova, sino por la descarada coquetería que la mujer había tenido con Trevor. Brianna ardía por la rabia y por la frustración.
Entraron en el auto y lo pusieron en marcha en el más absoluto silencio. Los dos parecían reflexionar lo sucedido en esas últimas horas.
—¿Qué piensas? —preguntó Trevor luego de unos minutos de viaje.
El hombre miraba la carretera con la mandíbula apretada y los ojos encendidos por la cólera.