Edward hizo varios viajes de la cocina a la mesa de estar, y cada vez que se movía, podía sentir la mirada de Marie puesta en él, lo que despertaba cierto nerviosismo, lo cual le parecía raro, ya que no entendía por qué se sentía así. Miró de reojo cuando acomodó los últimos platos y vio cómo ella lo miraba con una sonrisa algo coqueta, lo cual también lo hacía sonreír.
Realmente, hoy se veía hermosa; tenía tantas ganas de besarla y estar con ella. Pero eso también trajo otro pensamiento: debía apresurar la propuesta de matrimonio antes de que llegara otro hombre y le ganara, puesto que sabía que a muchos hombres no les importa que sus parejas tengan hijos de otro hombre o estén embarazadas de ellos, ya que ven el futuro y no el pasado de la mujer.
Pero aún no llegaba su falda escocesa para lo que la tenía preparado--Te noto pensativo-- escuchó a Marie hablarle, lo que atrajo su atención. --Sí, estaba pensando en una compra que hice-- contestó Edward sin dar más explicaciones.
Marie