Edward hizo varios viajes de la cocina a la mesa de estar, y cada vez que se movía, podía sentir la mirada de Marie puesta en él, lo que despertaba cierto nerviosismo, lo cual le parecía raro, ya que no entendía por qué se sentía así. Miró de reojo cuando acomodó los últimos platos y vio cómo ella lo miraba con una sonrisa algo coqueta, lo cual también lo hacía sonreír.
Realmente, hoy se veía hermosa; tenía tantas ganas de besarla y estar con ella. Pero eso también trajo otro pensamiento: debía