capitulo 3

Marie había terminado de realizar los informes; miró la hora y eran las 7 de la noche . Sabía que era la hora de salida de los trabajadores de su empresa, pero ella siempre se quedaba una hora más para organizar los documentos que revisaría al día siguiente, así como las actividades asignadas. Sin embargo, hoy no tenía la mente enfocada en el trabajo. Además, tenía una llamada pendiente que hacer. Soltó un suspiro tras ese pensamiento: "Tengo que hacer varias llamadas", susurró mientras se recostaba en la silla. Sabía que debía cancelar todas las actividades relacionadas con la boda.

La primera persona a la que llamaría era su amiga Rose, ya que ella se dedica a la organización de fiestas y había tomado la planificación de su boda como si fuera su propia boda. Sacó su teléfono celular del bolsillo y marcó a su amiga; el celular sonó dos tonos.

-Hola- escuchó el saludo de su amiga al otro lado de la línea, quien contestaba algo animada .

--¿Tienes tiempo? --, le preguntó.

--Claro que sí, amiga. En este momento me encuentro hablando con uno de los proveedores de las flores y estoy que lo mato--, respondió Rose con frustración. Marie sonrió por el comentario de su amiga, pero le dolía que todo el tiempo que ella había dedicado a la organización de su boda fuera una pérdida total de tiempo y dinero, ya que en varias ocasiones escuchó que Emile rechazó varios proyectos para organizarle la boda de sus sueños.

--Es con respecto a Donattiu , tengo que decirte algo -- dijo Marie mordiéndose los labios .

Rose hizo un gesto para que los trabajadores guardaran silencio, ya que desde el otro lado de la línea podía escuchar cómo la voz de su amiga estaba decaída. --Te escucho-- dijo Rose, alejándose para tener privacidad.

--No habrá boda - dijo Marie no quería que su voz sonara tan lamentable, pero fue en vano; más que dolor, sentía una enorme vergüenza por haber hecho perder el tiempo a Rose

Rose abrió los ojos al escuchar aquella noticia. Sabía que el hombre era un cretino, pero nunca se imaginó que terminaría su compromiso a solo un mes de casarse--¡Es un maldito ! ¿Cómo se atreve a decirte eso en estos momentos? ¡Solo quería ponerte a prueba ya que eres mejor que él! -- Rose no podía controlar la ira que sentía en su cuerpo era demasiada . Se soltó el moño que tenía haciendo que una hermosa cascada de cabello dorado cayera en su espalda --¡Maldito! Es que voy a partirle la cara--, exclamó furiosa.

Marie sonrió al escuchar las maldiciones de su amiga. Le gustaba que fuera tan explosiva, muy diferente a ella--Dime, ¿te dio algún tipo de explicación? -- le preguntó Rose.

--No, no quise saber. Su actitud era muy diferente a la que conocía. Me trató como una mujer fría y sin sentimientos, y yo actué como tal-- soltó un suspiro, realmente se sentía cansada emocionalmente.

Estaba agotada , sus ganas de llorar se contuvieron , no quiso que su amiga viera ese lado suyo, quería ser fuerte.

--Maldito, y yo aquí en Noruega--, dijo Rose con enfado. El comentario hizo arrugar el ceño de Marie.

--¿Noruega? --Sabía que su amiga se iba a encargar de la recepción de la boda, y según ella tenía una gran sorpresa para darle--Sé que a mi amiga le gusta leer libros pervertidos sobre extranjeros así que planeé que su boda sea ahí-- sonrió por el comentario.

--No son pervertidos, solo apasionados. Realmente te pido disculpas por hacerte perder el tiempo. Si te soy sincera, me hubiese encantado esa sorpresa. Te quiero, amiga-- Rose arrugó su ceño, su amiga no era una persona dada a sus sentimientos, y cuando esto pasaba era porque realmente se sentía mal.

--Tomaré el primer vuelo para haya -- dijo Rose para transmitirle tranquilidad a Marie.

--Puedes enviar la cancelación a invitados y llamar a mi hermano para que te ayude-- comentó, y a Rose no le gustó ese último comentario.

No es que se llevara mal con Felipe, pero él siempre sacaba lo peor de ella--No te preocupes, yo me encargo de todo, pero ¿qué haremos con la prensa? Era la boda del año--.

--De eso me encargo yo--, respondió Marie. Luego de terminar de hablar con su amiga, se puso de pie necesitaba despejar su mente. Esta vez le pidió al chofer que le diera la llave del carro, quería conducir para tratar de olvidar todo.

Estando en el carro, pudo ver cómo la pantalla de su celular se iluminaba con el nombre de su madre reflejado en él. Soltó un suspiro antes de tirar el celular en la parte de atrás del carro. "Lo siento, madre, pero hoy no estoy para ti", murmuró. Subió el volumen de la radio del carro y se perdió en la música que sonaba.

¡No supo cuánto tiempo estuvo conduciendo hasta que vio un pequeño bar algo apartado de la ciudad. Se encogió de hombros; no era una mujer que bebía, pero hoy tenía ganas de hacer cosas que nunca se permitió debido a sus estudios. Sin importarle si era peligroso o no, entró al bar.

Una vez dentro, hizo un recorrido por el lugar y vio que en su mayoría eran hombres y algunos tenían un aspecto algo sospechoso. Las pocas mujeres que había la miraron de reojo. Podía oler el fuerte aroma de alcohol y tabaco que emanaba del bar, pero sin importarle eso, caminó directo a la barra y pidió una cerveza.

Edward quedó hipnotizado por la mujer que recientemente había entrado al bar. Sabía que esa desconocida no habitaba un lugar como ese, solo con echarle un vistazo a su ropa. Tenía una falda que le llegaba hasta la mitad de la rodilla de color negro, seguida de una blusa manga larga blanca, con un saco marrón que caía un poco debajo de su falda, seguido de su bolso de

concentró en tomar su cerveza; para eso había manejado tanto.

--Hola, hermosa -Marie torció los ojos al escuchar la voz de aquel hombre. ¿Es que una mujer no puede simplemente beber tranquilamente?

--No me interesa -dijo sin voltear.

--Me gustan las bravas, así como tú -volvió a insistir aquel hombre. Rose volteó su rostro y lo detalló. Tenía un aspecto desagradable, le faltaban algunos dientes y tenía una gran barba.

--Solo quiero beber mi cerveza tranquila, no quiero que un idiota venga a molestarme dijo con rabia.

--A mí no me rechaza una niñita como tú la tomó fuertemente del brazo, lo que provocó un quejido de ella. Miró a los presentes para que la ayudaran, pero todos la ignoraron. Qué sociedad de porquería. Aquel hombre la jaló fuertemente, hasta el punto de hacerla levantar de su silla.

--¡Que me suelte, imbécil! -intentó pelear,

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