Capitulo XXXIII

—Estuve tan preocupada, no te imaginas. —advierto mientras nos alejamos del almacén.

—No pasó nada. Nadie se fijó especialmente en mí. —me cuenta mientras revisa su teléfono.

—Menos mal, en un momento se acercó un guardia, tuve que inventar algo, se lo creyó por suerte.

—¿Estás segura?

—Fui muy convincente, eres un pésimo esposo —digo entre risas &m

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