Álex azotó el teléfono y se volvió bruscamente, agarrando un trapeador.
Josefina ya estaba restregando furiosamente el piso, sus ojos inyectados en sangre y brillando.
No había dicho una sola palabra amarga, pero el dolor colgaba sobre ella como un sudario funerario.
Sus mascotas, su querido Blackie, Brownie, y la pequeña Kitty, masacradas por ese monstruo Charles.
Su silencio era ensordecedor, puntuado solo por sollozos ahogados que desesperadamente trataba de ocultar.
Ver su lucha silenciosa r