— No.
— ¿Por qué no? — frunzo el ceño, sintiendo la irritación crecer.
— No fuiste una chica legal ayer — me mira un momento, sus ojos oscuros y vacíos, y luego vuelve su atención al portátil. — Ah, y por cierto, ya he dado el dinero necesario para tu familia. Para las deudas y para el tratamiento médico.
Oh, eso es bueno... Al menos el tratamiento de mi madre ya está pagado. Ya no tengo que preocuparme por eso. Es el único lado bueno de toda esta situación.
Pero el alivio dura poco. La realida