Stella Blake
Pasé la noche en vela. Tumbada en la cama, Alana durmiendo a mi lado, su manita agarrada a mi cabello. La habitación oscura. El ruido de la calle afuera. No podía dejar de pensar. Él vio. Él miró. Él sabe. No sabe. Tal vez. No lo sé.
Por la mañana, me levanté antes del sol. Preparé el café. La mochila. El uniforme. Desperté a Alana con besos en la frente.
— Mami, ¿hoy hay paseo en el colegio?
— Sí, ángel. Van al parque.
— ¿Va Duda?
— Sí.
— Entonces voy.
Sonrió. La falta de los dien