El gruñido resonó por la sala, sus ojos ambarinos brillaban como nunca, la piel de April igual que la de una gallina, la morena tirada en el piso presa del pánico…olvidándose de la pastilla que había tragado. La pelinegra retrocedió un paso por instinto puro, pero Abdel no se dejaría, el adelanto dos más desafiándola y asustándola pero solo logro enojada aun más.
—¿¡Sacas al lobo solo porque quieres liberarte!?—Preguntó irritada, claro que e