Llegaron a la casa unas cuantas horas después, eran las cuatro de la tarde y ella debía estar en la cama para poder descansar después de un día de uso físico y mental. Abdel quiso quedarse con ella todo el día, pues ahora pareciera como que el quería estar pegado a ella, así que ahí estaban los dos, pegados como unos pequeños ositos acaramelados, tapados hasta las cabezas y bien abrazado contra el frío. Un ruido se escuchó a lo lejos de la puerta, Abdel estaba medio dormido por lo que sus sen