La semana para la pareja pasó sumamente rápido, como si el suave soplor del viento se llevase volando las horas y días desde aquel momento. Esa misma tarde los invitados caerían en su manada, siendo escoltados por dos guardias (uno de ellos siendo el mismísimo Thiago) de la manada Ricoparis, quienes hace tres días se habían ofrecido y retirado para escoltarlos. La pelinegra de hermosos ojos verdes se encontraba totalmente nerviosa, moviendose de un lado a otro através de la cocina donde las