Horas después, Pedro llamó a la clínica, con la idea de que dieran aviso a Alfredo, sin pensar que su respuesta llegaría de inmediato, con malas noticias.
Heriberto se estaba moviendo rápido buscando sacar el camino a quienes seguían siendo una piedra de tropiezo.
Los clubes y la procesadora de té no eran solo lo que Heriberto quería también apoderarse de la mafia era su objetivo.
—¿Cómo está mi esposa, Pedro?— preguntó David, después qué padre e hijo hablarán contando todo lo sucedido.
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