—Cuídate mucho, no salgas sola —Le repetía David a Ester, antes de salir a la ciudad, donde debía ir urgentemente.
—Ya lo sé, me lo dijiste toda la noche —replicó molesta ya, David la acercó, abrazándola por la cintura, besando sus labios repetidamente.
—Te extrañaré —le susurró en su oído.
—¿Acaso no volverás hoy? —Reclamó.
—No te aseguro nada, nena. —Ester se cruzó de brazos, levantó una ceja y esperó que dijera otra cosa más, David se acercó y besó su frente.
—Prometo que haré lo po