—¡Ya te dije que no quiero que lo dejes entrar, no tiene nada que buscar en mi empresa! —Gritaba David sumamente molesto al teléfono; Éster que bajaba se preocupó, acercándose lo más rápido posible, no lo había visto actuar de esa forma.
Sus movimientos de un lado a otro, esa mano en su cintura, le parecía muy sexi, sus pensamientos eróticos se fueron cuando David gritó fuerte.
—¡No es mi amigo, m*****a sea, cómo se atreve a decir eso! —Grito más fuerte, Ester lo tocó para que se diera cuenta