ESPERANZA
Veo a mi esposo, derrotado, ingresar por la puerta. Su semblante denota agonía y sus pupilas lucen perdidas en algún punto fijo, donde no me nota, camina con dificultad y sin dudarlo corro a abrazarlo. El me envuelve con su brazo izquierdo, miro para su costado derecho y noto que lleva de la mano a Samanta. Su estado es peor que el de mi Nikolay. Por detrás de ellos viene llegando con una valijas pequeñas, fadeei.
–Cariño, cuánto lo siento.
No puedo reprimir el sollozo que se esca