Zack
Cuando mi madre sale, él se coloca a un lado de la cama y respira profundo. Camina hasta la ventana y me pregunta:
—¿Cómo te sientes?
—Ahora que está usted aquí, no muy bien.
—Entiendo. Pero sabes, Zack, deberías estar agradecido conmigo por haberte traído a este lugar en vez de dejarte tirado en esa pocilga.
—¡¿Qué?!
Sonríe.
—¿No lo sabías?
—No, nadie me comentó nada.
—Me alegra saber que cumplieron con su palabra —mete sus manos en los bolsillos de su pantalón y prosigue: ¿Tienes