Maya se sentó en el banco de metal frío, todavía sosteniendo la fotografía arrugada. La línea roja a través de la garganta de Leo la miraba de vuelta. No podía apartar la mirada. Su pecho se sentía apretado, como si alguien lo estuviera apretando cada vez más.
La celda estaba tranquila ahora. Demasiado tranquila. Solo el zumbido de la luz sobre su cabeza le hacía compañía. Seguía escuchando la suave risa de la madre de Damson en su cabeza. La forma en que la mujer había dicho esas palabras como