Lo mejor era olvidarse de sus parientes e ir de compras, tenía que lucir espectacular, era la primera fiesta donde asistiría tomada del brazo de Enrico siendo presentada ya como su señora, lo único que evitaba que ella fuera completamente feliz era saber que Gregory pronto se casaría y que la mujer con la que se casaría no era una mujer cualquiera, tal y como se esperaba del único hijo de Enrico Dumas, su prometida no solo era joven y de belleza excepcional; era la heredera de su propio imperio