Nadie dijo una palabra.
El mensaje seguía abierto en el teléfono de Stephanelle.
«El traidor ya está contigo».
Sintió que sus dedos se enfriaban alrededor del aparato.
Lentamente, levantó la mirada.
Ben.
David.
Charles.
Steve.
Alex.
Y los demás.
Todos sus hermanos estaban allí.
Los hombres con los que había crecido, aquellos a quienes amaba y que había terminado considerando su verdadera familia.
Luego, su mirada se deslizó hacia Diego.
Él permanecía inmóvil.
Ni siquiera intentaba defenderse.
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