La noche había cubierto Londres desde hacía varias horas.
En el salón de la residencia Robio se había instalado un silencio pesado. Nadie encontraba qué decir.
En la pantalla gigante, la imagen de Evelyn desapareciendo dentro de un coche negro seguía congelada.
Stephanelle tenía los brazos cruzados sobre el pecho. No apartaba la mirada de la pantalla.
—Ella sabía que algo iba a pasar —murmuró.
Ben asintió lentamente.
—Y seguramente sabía que terminaríamos buscándola.
Charles volvió a ampliar la