Blaine se despertó temprano por la mañana y, mientras miraba a la mujer que seguía tumbada en sus brazos, no pudo evitar rozar la punta de su nariz con sus dedos.
Parecía haberle dado picazón, ya que frunció ligeramente el ceño antes de acurrucarse contra su pecho. La mirada de Blaine se volvió aún más suave al observar su reacción instintiva.
Decidió que por muy difíciles o complicadas que fueran sus identidades, nunca la dejaría ir.
No podía soportar dejarla ir de nuevo, después de haber