Lucy estaba atada a la mesa de operaciones. Sus manos y pies estaban atados a las esquinas de la cama. Parecía un pez, esperando a ser sacrificado.
Lucy gritó con rabia, "¡Yanni Quain! ¡Estás loco! ¡Suéltame! ¡Suéltame!".
Las dos doctoras se miraron entre ellas y preguntaron, "Señor Quain, ¿cómo... vamos a comenzar la operación?".
Yanni miró fríamente a las dos doctoras y dijo con indiferencia, "¿No van a anestesiarla? Solo háganlo".
Tumbada en la mesa de operaciones, Lucy miró fijamente